A good costumer experience

The best finds are the ones with the least glitter. On a quick trip back to San Jose (CR) to accompany my sister to the airport, the hotel we wanted was booked and so we made a quick switch to a random inn in the guidebook, La Casa Ridgeway, a house run by Quakers near the National Museum.

San Jose isn’t the most plush of cities, and at first glance La Casa looked shanty, the neighborhood worse, and I was pretty sure I’d switch hotels the following night. I was very pleasantly surprised. Not only has the place been clean and comfortable, I woke up to a complimentary breakfast of banana crepes and coffee, which was delicious, and accompanied by one of the nicest groups of people I’ve ever met.

Everyone at the breakfast table – Costa Ricans from all over the country – were doing some sort or noble work. Two men were trying to convince the government to ban certain toxic pesticides and educate farmers about the harmful effects of monocultures; another was starting a cultural center in Quepos to help kids stay away from drugs.

The woman making crepes, Isabella, an American who’s been in Costa Rica 20 years, helps run La Casa as a way to raise funds for the Quakers’ human rights and peace work. The list went on and on. Tonight, my last night at La Casa before I head back to the beach, I saw Batman: the Dark Knight at the local mall and then returned to my simple little room with this wood Ghandi carving above my bed. I felt grateful for all the real super heroes in the world. You meet them in the least expected places, sometimes over banana crepes.

This article was original posted in: http://www.jaimalyogis.com/?p=92

Los mejores descubrimientos son los que tienen el menor brillo. En un viaje rápido de vuelta a San José (CR) para acompañar a mi hermana al aeropuerto, el hotel que queríamos estaba reservado y hicimos un cambio a una posada al azar en la guía, La Casa Ridgeway, una de origen cuáquero, cerca del Museo Nacional.

San José no es la más lujosa de las ciudades, La Casa parecía vieja , el barrio no era muy atractivo, y yo estaba bastante segura de cambiarme la noche siguiente al hotel. Sin embargo, me sorprendí muy gratamente. No sólo ha sido un lugar limpio y cómodo, me desperté a tomar un desayuno de crepes de plátano y café, que era delicioso, y acompañado por uno de los mejores grupos de personas que he conocido.

En la mesa del desayuno – costarricenses de distintos lugares del país – se estaban organizando. Dos hombres estaban tratando de convencer al gobierno para prohibir ciertos pesticidas tóxicos y educar a los agricultores acerca de los efectos nocivos de los monocultivos, y otro estaba empezando un centro cultural en Quepos para ayudar a los niños a mantenerse alejados de las drogas.

La mujer que estaba haciendo crepes, Isabella, una estadounidense que ha estado en Costa Rica por más de 20 años, ayuda a dirigir la Casa con el fin de recaudar fondos para las actividades dedicadas a la lucha por los derechos humano y el trabajo por la paz. La lista seguía y seguía. Esta noche, mi última noche en La Casa antes de regresar a la playa, vi Batman: el caballero de la noche en el centro comercial local y luego regresé a mi cuarto pequeño y sencillo que tenía un tallado de Ghandi  en madera por encima de mi cama. Me sentí agradecida por todos los verdaderos héroes estupendos en el mundo. Uno puede reunirse con ellos en los lugares menos esperados, a veces más allá de un desayuno con crepes de plátano.

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